Para mí, un día normal en el museo consiste de dos fases. Cuando trabajo por la mañana, como esta semana, tengo que estar en el museo a las 9:30 para abrir las puertas, encender el ordenador y organizar la recepción con las otras practicantes. Normalmente, trabajo en la recepción hasta las 12:30 vendiendo entradas del museo, explicando como funciona el museo a los turistas, y lo más importante, apuntando reservas para los espectáculos de flamenco que ocurren por la noche. A mí me gusta esta parte porque puedo usar español e inglés para hablar con gente de todas partes del mundo. Siempre les sorprende que soy de Chicago y que tengo un “acento perfecto” cuando hablo inglés. La otra parte del día consiste de dos horas de trabajo en mis proyectos personales. Además, cada día a las 14:30, tenemos una reunión en la sala de los practicantes para hablar de los eventos del día y la semana en general. Tenemos que hacer nuestro propio horario y también planear quien va a trabajar como guía para grupos de turistas que visitan al museo. Tener practicantes de nacionalidades diferentes es una ventaja para el museo en este sentido. Entre nosotros, hablamos inglés, italiano, francés, español, turco, alemán, y polaco. Estoy estudiando para ser un guía para la gente que habla inglés y español, pero todavía hay mucho para saber.
(Aunque esto es un ejemplo de un día típico de ser practicante, el titulo de esta entrada es una paradoja en si mismo porque para nosotros, los practicantes del museo del baile flamenco, no hay un día muy “normal” que no tiene algo nuevo para aprender o hacer. Por ejemplo, un día es posible conocer a bailaores y bailaoras muy famosos como Cristina Hoyos. Otro día, conocí a la esposa del único torrero americano porque tenía una entrevista en el museo.)
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